29 Jun 2020
¿De dónde viene? El 59% del cacao mundial se cultiva en Costa de Marfil y Ghana, seguidos de Indonesia, Nigeria y Camerún. Juntos suman el 82% del cultivo a nivel mundial. Pero, ¿te has preguntado alguna vez en qué condiciones trabajan estas personas productoras?
Un dato sorprendente es que ellas rara vez prueban el chocolate que se elabora con el cacao que cosechan con sus manos, trabajando además en condiciones especialmente duras, con ingresos que les sitúan muy por debajo del umbral de la pobreza.
Para que nos hagamos una idea, si cogemos como ejemplo Costa de Marfil, en 2018, Fairtrade International estimó que, de media, una familia cacaocultora ingresaba 0’78 dólares diarios frente a los 2’51 diarios estimados como renta mínima, es decir, para salir del umbral de la pobreza extrema.
En estas condiciones, la diferencia entre trabajar y no trabajar es prácticamente nula, ya que, con estos ingresos, tampoco pueden subsistir. Esta situación ha degenerado en un problema mayor: la gente dispuesta a trabajar en estas condiciones de explotación o esclavitud es poca y para poder mantener los ritmos de consumo en los países del norte, lo que se ha hecho es recurrir a la explotación infantil.
Según el informe “Hacia la sostenibilidad de las cadenas de suministro del cacao: opciones de regulación para la UE”, en 2015, 1,2 millones de menores en Costa de Marfil y 0,9 millones en Ghana trabajaban en este sector.
Entre el 80 y el 90% de estos menores, realizaban tareas peligrosas como, por ejemplo, soportar cargas pesadas, manipular productos químicos o trabajar con machetes. Por otro lado, según datos de la Universidad de Tulane, el 26% de los menores de Costa de Marfil y el 46% en Ghana trabajaban más horas de las permitidas. El Barómetro del cacao de 2018, concluye que “ni una sola empresa o gobierno se encuentra cerca del objetivo de eliminar el trabajo infantil, ni siquiera del compromiso de reducirlo en un 70%”.
Por otro lado, el estudio “Hacia la sostenibilidad de las cadenas de suministro del cacao: opciones de regulación para la UE” señala que los terrenos agrícolas dedicados al cacao producen aproximadamente la mitad de lo que deberían.
Esto es debido, en gran medida, a que los ínfimos ingresos de las familias agricultoras no les permiten invertir en mejoras relacionadas con las prácticas sostenibles, o con el aumento de la fertilidad de la tierra o sustituir los árboles de cacao enfermos o envejecidos.
Esta pérdida de productividad de las tierras provoca la migración de una región a otra, eliminando bosques a su paso. De hecho, el cultivo del cacao constituye una de las principales causas de deforestación, especialmente en Ghana y Costa de Marfil, lo que a su vez genera pérdida de biodiversidad y transformación ambiental, y la destrucción de los medios de subsistencia de aquellas comunidades que dependen del bosque más allá del cacao.
Sí, existe. Se trata del Comercio Justo, el cual, a través de la certificación Fairtrade, garantiza una serie de parámetros en los que se pone la vida de las personas por encima del beneficio económico, entre ellos, la no explotación infantil y el respeto al medioambiente. Otros ejemplos de estos estándares son el Precio Mínimo de Seguridad, que cubre los gastos básicos del hogar de una persona que trabaja bajo estándares de comercio justo o la conocida como Prima (Premium) de Comercio Justo, que les permite invertir en mejoras en la comunidad.
Síguenos en Instagram